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Cielo mío
1996
Madera pintada y barnizada
Medidas: 2 unidades: 29 x 99 x 52 cm, c.u 29 x 105 x 94,5 cm 29 x 105 x 95,5 cm
Referencia: ACF0764
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De acuerdo con una descripción del propio Daniel Chust, Cielo mío son «dos casas de muñecas que reproducen mi taller, en el 57 de la Rue des Champs-Elysés, en Gentilly, Francia, y el espacio de exposiciones Rekalde 2 de Bilbao». La descripción es puramente técnica en apariencia, y sin embargo muy explícita en lo que hace a las coordenadas que se ponen en juego. En primer lugar, Cielo mío son, en efecto, unas arquitecturas menudas, unas casas de muñecas de madera pintada que harían las delicias de los pedagogos más ortodoxos. Está claro que estas casitas son una obra, una producción artística, pero su representación y, sobre todo, su definición como juguete les otorgan a estas maquetas una dimensión de utilidad que resulta crucial en el planteamiento de Daniel Chust. Ya no se trata de fabricar objetos estéticos para que la mirada disfrute de ellos, sino de construir ardides para manipularlos realmente. Como en otras obras de Chust, el espectador es requerido a participar directamente, ya que sin esta participación la obra jamás podría desplegar todo su potencial. Es necesario utilizar los objetos para que cumplan su último sentido. La casa de muñecas alcanza su realización cuando cumple esta función. No es arbitrario que Daniel Chust apele con bastante frecuencia al mundo infantil a fin de garantizar este imperativo de acción y utilización de sus obras. Los niños y las niñas, o -mejor- el impulso infantil del juego -el mismo que la estética clásica identifica con la gratuidad de la experiencia estética- garantiza el desinterés de la práctica que se desata desde la obra. No hace falta seguir unas reglas determinadas y obtener un resultado, sino ejercer una experiencia real, legalizada en la misma ejecución y no en unos resultados hipotéticos, como puede ser el jugar a las muñecas. Por otro lado estas construcciones son -ya lo avanzábamos- maquetas, aunque se disfracen ahora de casas de muñecas y en otras ocasiones se presenten como jaulas, terrarios o parques infantiles. Esta cualidad de maqueta es lo que otorga a los proyectos de Daniel Chust la posibilidad de actuar como especulación crítica sobre la arquitectura, corrigiendo su prepotencia al pensar los espacios de la vida en la dirección de reconvertir ahora sus proyectos en simples objetos de uso. Por último, la otra consideración que no se puede obviar ante Cielo mío es el hecho, en absoluto arbitrario en la investigación de Daniel Chust, de utilizar como referente de estas construcciones los espacios reales de su taller o de los recintos expositivos en los que ha sido invitado a actuar. En esta ocasión, ambos espacios son reinventados: el taller y la Sala Rekalde. Esta opción resulta especialmente reveladora, ya que pone en evidencia todo el circuito del arte. Desde la cocina del taller privado del artista hasta los escaparates de los circuitos artísticos, toda la energía que fluye por el interior del mal denominado mundo del arte se reorienta en dirección al mundo real.

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