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216 sustitutos de yeso
Título original: 216 Plaster Surrogates
1987 -
Yeso pintado
Medidas: 175 x 508 cm
Referencia: ACF0684
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Pese a su inmenso parecido, no hay dos surrogates iguales. Se trata de objetos rectangulares no muy grandes, ya que sus dimensiones nunca exceden los 50 ´ 40 cm. Realizados en yeso, recuerdan una pintura enmarcada que consta de tres partes: una interior, donde debería situarse la pintura propiamente dicha, un paspartú y un marco. Algunos de ellos tienen la parte interior pintada de negro, el paspartú blanco y el marco de diferentes colores. Otros, los que él llama «monocromos», tienen sus tres partes pintadas de la misma tonalidad, como es el caso de la presente obra. Aunque el equipo de personas que trabaja para McCollum ha hecho miles de estos objetos, todos ellos muestran pequeñas diferencias en las combinaciones de color y tamaño. Y, si bien los colaboradores del artista hacen gran parte del trabajo, McCollum insiste en pintar personalmente el borde exterior de los centros y el margen interior de los paspartús. Esto es lo que él llama «ceñirse al reglamento», y agrega: «Estoy haciendo lo mínimo que se le requiere a un artista, y nada más». Los sustitutos de las pinturas que propone McCollum juegan con algunos de los conceptos habitualmente asociados a las obras de arte. Se trata de objetos realizados a mano, firmados y fechados individualmente, aunque su apariencia sugiera la producción industrial. Pese a la perfección de sus formas y a su evidente repetición, la superficie central tiene una cierta textura que contradice la idea de la fabricación en masa. Por otra parte, su disposición en grupo rebate la forma en que se suelen mostrar las pinturas. Si habitualmente acostumbramos a ver las obras de arte en una galería o un museo como un objeto único al que se le deja cierto espacio alrededor para poder contemplarse sin interferencias, en este caso nos encontramos varias decenas, incluso centenares de obras colgadas regularmente en la pared de la sala de exposición. Estos «sustitutos» -gracias a su apariencia, dimensiones y, sobre todo, a su nombre- se presentan como una alternativa a la obra de arte. Sin embargo, tradicionalmente las obras de arte han sido entendidas como sustitutos de la realidad. Así, McCollum está proponiendo un sustituto de un sustituto, frustrando doblemente nuestras expectativas. Esta situación propone una lectura de 216 Plaster Surrogates no exenta de ironía. Los surrogates, objetos vacíos de contenido en sí mismos, se convierten en elementos de consumo. Tal como él mismo aclara, su misión es «descubrir, en un sentido emocional, qué tipo de objeto es la pintura». Mediante la reducción de estas piezas a meros objetos de intercambio, McCollum cuestiona sus funciones en el entorno social contemporáneo: objeto de consumo, elemento de decoración, símbolo de prestigio o valor exclusivamente especulativo en el mercado. En última instancia, McCollum plantea estas cuestiones reemplazando paradójicamente los valores tradicionales de unicidad y exclusividad por los de abundancia y accesibilidad.

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