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La trayectoria de la luz en la caverna de Platón (desde la caverna de Platón, la capilla de Rothko, el perfil de Lincoln)
Título original: The Trajectory of Light in Plato's Cave (from Plato's Cave, Rothko's Chapel, Lincoln's Profile)
1985 -
Materiales diversos
Medidas: 382 x 327 x 1413 cm
Referencia: ACF0644
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La obra de Mike Kelley (Detroit, 1954) es prácticamente inclasificable. Desde su primera performance en 1979, este artista se ha resistido a desarrollar una única manera de hacer, adoptando giros constantes y técnicas diferentes. El arte conceptual por un lado, la reivindicación del automatismo y la irracionalidad frente a la razón ilustrada por otro, así como su interés por la música pop podrían citarse como algunas de las bases de su obra. En 1986 Kelley realizó una instalación y una performance en el Artist Space de Nueva York, que tituló Plato's Cave, Rothko's Chapel, Lincoln's Profile. Diez años más tarde, en 1996, reconstruyó la experiencia en forma de instalación (esta vez sin realizar ninguna performance y sin la participación de su banda Sonic Youth) siendo el resultado esta obra que lleva por título La trayectoria de la luz en la caverna de Platón (desde la caverna de Platón, la capilla de Rothko, el perfil de Lincoln). En 1986 fue la primera ocasión en que Kelley ponía en escena todos sus intereses: la crítica ácida a los valores del sistema occidental, y en particular del estadounidense, a través del uso de la música y la performance, reivindicando un arte a la vez irracional y conceptual. Esta instalación es, justamente, una cueva o una caverna. La puerta de entrada está tapada por un enorme cuadro en el que aparece escrito: «Arrástrate, gusano. Para practicar la espeleología a veces hay que detenerse, a veces hay que ir a cuatro patas, incluso reptar». El espectador descubre que, en efecto, debe arrastrarse por debajo del cuadro para poder acceder al interior de la cueva. Si, como el título enuncia, esta es la caverna de las verdades definitivas de Platón, el visitante se encontrará con un escenario de cartón piedra. Primero debe pasar a través de una tela cruzada por una raja roja vertical, como una abertura vaginal. Frente a ella hay otras dos telas colgadas: en una puede verse la impresión del cuerpo del artista, en la otra, imágenes propias de un test psicológico de Rorschach. En el lado opuesto a la puerta de acceso, una falsa chimenea elevada como en un altar; a los lados, grandes telas de color que podrían recordar a Mark Rothko, el color de cada una de las cuales se corresponde con el color de un fluido corporal: excrementos, orina, semen, sangre. Platón, Rothko y Lincoln representan los ideales occidentales de saber, arte y política. Aquí muestran su «verdad»: el ideario de comodidad de la clase media americana reducido a una falsa chimenea; y el color espiritual de Rothko es el color del detrito. Mike Kelley pone en duda la gravedad con la que se disfrazan el arte, el saber y la política, las posibilidades, en suma, del conocimiento ilustrado. Frente a tal gravedad y tal conocimiento, Kelley propone una alternativa anárquica, visceral y física: hay que recordar que es necesario agacharse como un gusano para entrar en su obra. Más aún, la fisicidad lo domina todo: la presencia del sexo es constante, de forma metafórica, en fluidos corporales, en figuras del psicoanálisis y, evidentemente, en la vagina que es preciso atravesar dentro de la cueva. Nada de ello es correcto según los valores tradicionales de las personas bien pensantes. Kelley deconstruye esos valores, los cuestiona y los rebaja, mientras que por el contrario enaltece aquello considerado bajo o perdido. En un último giro irónico e incorrecto, es la obra la que parece una caricatura de sí misma: una caricatura de obra de arte, una caricatura de caverna en cartón piedra.

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