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Tisbe
1989
Acero con pintura sintética
Medidas: 97 x 76 x 114 cm
Referencia: ACF0479
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Da prueba de lo difícilmente clasificable que resulta el conjunto del trabajo de Pello Irazu la extensísima nómina de artistas de este siglo con los que, de un modo u otro, se le relaciona en toda su bibliografía. Citaré algunos: Anthony Caro, Blinky Palermo, Richard Serra, David Shapiro, Frank Stella, Donald Judd, Richard Artschwager, Dan Flavin, Haim Steinbach, Félix González Torres, David Hammond, Lothar Baumgarten… Él mismo, hace pocos años, citaba a Joseph Beuys, a los escultores ingleses de los setenta (la New Generation) y a Enzo Cucchi entre sus referentes. Del mismo modo podríamos remitirnos al constructivismo y a los suprematistas, siempre y cuando tuviésemos en mente la afirmación de uno de sus mejores críticos, Kevin Power, quien sobre Irazu, Bados, Moraza y Badiola apunta que, más que dar continuidad y modificación permitida a los principios de la modernidad, lo que hacen es «centrar la atención en algunas de sus limitaciones». Es decir, su disposición es la de un análisis crítico de los postulados vanguardistas, no la de una creencia ciega en sus bondades. Tisbe formó parte de las piezas expuestas en la muestra en la que participó junto a Txomin Badiola –que presentaba su serie «Twin»–, y que tuvo lugar en los Riverside Studios de Londres tras un año de residencia de los dos artistas en la capital británica. Esta obra constituye un magnífico ejemplo de la obra de primera madurez del escultor. El aparente formalismo de la obra, su estructura, la geometría de sus huecos y sus bordes, son rasgos que la enclavarían, como hemos dicho anteriormente, en los límites del constructivismo o en una relectura de los aspectos menos minimalistas del minimalismo. Sin embargo, la dislocación de sus planos provoca una tensión interior que actúa como detonante de los principios de racionalidad del constructivismo, al tiempo que una cierta confidencialidad afectiva –asentada fundamentalmente en el color– la aleja de la frialdad industrial del minimalismo. «El objeto puede ser simple –contaba Irazu en una entrevista–, pero esa sencillez formal es producto de una síntesis, de una operación de mínimos, y pretende recoger una complejidad conceptual, el interés del objeto.» El uso que Irazu hace del color en esta etapa es definitorio de su personalidad artística. El mismo artista lo explica como sigue: «El color es una necesidad de la escultura, no del tema. El objeto te lleva por derroteros no previstos, al no tratarse de una representación estricta de algo, sino de la posibilidad de un deseo. Quiero que el color amplíe la articulación formal que hay entre los dos elementos principales. Necesito que me permita atravesar el muro que los separa, que funcione desde dentro de la pieza».

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