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Cada día está la bestia con dientes de hierro y diez cuernos
Título original: Everyday is The Beast with Iron Teeth and Ten Horns
1989
Óleo y yeso sobre tela
Medidas: 335 x 295 cm
Referencia: ACF0462
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Las palabras han sido uno de los elementos protagonistas en la obra de Julian Schnabel a lo largo de los últimos veinte años. Entre ellas eran especialmente potentes, agresivas, comprometidas y a menudo herméticas las que introdujo a finales de los años ochenta, cuyo paradigma bien puede hallarse en las pinturas de la serie «The Recognitions», que amplió para su exposición en el Cuartel del Carmen de Sevilla en octubre de 1988, y en estas obras incluidas en la colección, realizadas muy pocos meses después. El título de la serie «The Recognitions» procede de una novela del escritor norteamericano William Gaddis, de los títulos de cuyos capítulos tomó Schnabel buena parte de las inscripciones. Las que escribió en estos cuadros –70th Week, Everyday is The Beast with Iron Teeth and Ten Horns, Contro Dio, Contro mio– no proceden de la novela, sino del Antiguo Testamento, concretamente del Libro de Daniel. Si de «The Recognitions» se ha dicho que revelan la relación de Schnabel con la literatura y, a través de ésta, su vínculo con la narración de la historia y su oposición a la política militarista de la era Reagan, los cuadros que componen este conjunto corresponderían a la hecatombe final, al triunfo del mal absoluto y a su aparición sobre un calcinado horizonte terrenal. Las lonas, ya sean de camión, del suelo de un ring e incluso –como a lo largo del año 1986– de telones del teatro kabuki, han sido y son un soporte habitual para Schnabel. Estas obras fueron realizadas sobre las lonas de unos catres de soldado, cosidas entre sí hasta alcanzar las dimensiones monumentales de los cuadros, lo que por una parte les añade contenido simbólico –un hilo trágico anuda la existencia de los ejércitos y el apocalipsis que ello implica para los jóvenes soldados–, y por otra interviene en su presencia física, pues las costuras estructuran la superficie sobre la que se inscriben las palabras del texto religioso. A estas piezas podríamos aplicarles la descripción que hizo Diego Cortez en 1988, aunque no se refiriese específicamente a ellas, sino a la serie «The Recognitions»: «Son las Sagradas Escrituras pintadas, la ley pintada tallada en tablas de lienzo. Estos lienzos sucios, grasientos y manchados ofrecen el fondo nocturno para un lenguaje de signos que parece pintado a la luz de la luna. Las palabras son la imagen, y su austero uso de la pintura blanca proyecta un brillo polar, una luminosidad, una inmovilidad, una durabilidad que la luz del sol no tiene».

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