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Tumbas
Título original: Tombeaux
1989
Madera pintada
Medidas: 90 x 250 x 48 cm
Referencia: ACF0450
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Tras la serie «Eventails», hacia finales de los años ochenta Jan Vercruysse inicia un nuevo corpus de obra agrupado bajo el epígrafe «Tombeaux». El artista utiliza esta figura literaria francesa jugando intencionadamente con sus distintas acepciones: como tumba funeraria o «lugar final y eterno de descanso», pero también como pieza musical o poética dedicada a alguien o a algo que ya no se encuentra aquí, como en el caso de los famosos tombeaux de Stéphane Mallarmé, Charles Baudelaire o Maurice Ravel. Las «tumbas» son estructuras de madera con formas esquemáticas y sintéticas, pintadas con colores sobrios, aunque, en el caso de esta pieza, incorporan determinados colores saturados de un modo casi «constructivista». Es importante señalar, como el propio artista indica, que la idea de la memoria no tiene ningún componente nostálgico, sino más bien de «recuerdo o inspiración». La referencia a la tumba no tiene tanto que ver con la muerte o la esterilidad como con el silencio y la concentración, lo que Vercruysse denomina «memoria creativa». «Los tombeaux no buscan una confrontación agresiva con el espectador. La violencia está oculta, contenida. No se expresa ninguna estrategia de inaccesibilidad. El arte requiere una atención lenta», explica el artista. Esta aproximación serena y silenciosa a la obra pretende contrastar la lectura minimalista de una verdad encerrada en el propio arte con la capacidad del presente para reflejar en ese silencio los avatares culturales del momento, actividad a la que es invitado el espectador. Las «tumbas» aparecen, así, como lugares de la memoria donde la reflexión y el silencio son posibles, y a partir de los cuales puede darse una interacción con nuestras propias formas del presente, a menudo tendentes a presenciar el pasado de una manera superficial. No en vano la pieza concreta que aquí tratamos parece realizar una metáfora irónica sobre la propia tumba de la modernidad, que en su catafalco es capaz de seguir transmitiendo una información determinada. Por otro lado, cada obra lleva el título en plural, como forma de huir de la individualidad a fin de otorgar más fuerza a un sentido plural del silencio. Debe remarcarse el hecho de que toda la serie ha sido desarrollada, desde que fue iniciada, de forma obsesiva y exhaustiva, lo que a menudo ha llevado a una cierta irritación del mercado galerístico, tan vinculado a la «perentoria necesidad de la renovación». Vercruysse parece proyectar de esta manera una crítica a los propios procesos mercantilistas que se produjeron en la década de los años ochenta.

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