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Sin título (Hacia ultramar)
Título original: Senza titolo (Verso oltremare)
1986
Piedras, telas y pintura mural
Medidas: 330 x 170 x 525 cm
Referencia: ACF0330
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Verso oltremare es el tema de uno de los ciclos que Anselmo inició en 1980. El ultramar es el color que llegó a Europa traído de las Indias o de Oriente y que Anselmo utiliza, más que por el color, para señalar una dirección en su obra que la relacione con un espacio exterior. Paradójicamente, el artista está indicando un lugar de una gran inconsistencia y al mismo tiempo de una gran firmeza, porque siempre hay un ultramar en cualquier dirección que se mire, siempre hay un lugar más allá del mar. No da una orientación concreta, sino que ofrece un lugar abierto a todas las direcciones, incluso a la de la imaginación. En esta obra de 1986, se ve un pequeño rectángulo azul ultramar pintado en la pared por encima de los bloques de granito que se amontonan sobre el gran pedestal que forman cien telas blancas apoyadas una sobre otra. El rectángulo azul es para Anselmo la brújula que orienta la obra hacia dos direcciones, «una terrestre y otra cósmica. El ultramar permite ampliar los confines de un lugar, prolonga mentalmente el espacio fuera de los muros del museo». Y las piedras son las que permiten mirar hacia esa dirección y crear la distancia. La piedra es uno de los materiales más utilizados por este artista. Es la esencia de la tierra, es el material que ancla su obra al mundo real, que revela la consistencia de la materia, y evidencia la fuerza de la gravedad, y por lo tanto el peso. Pero en esta obra las piedras han sido elevadas hacia el ultramar, entre la tierra y el cosmos. En 1969, Anselmo presentó su primera piedra suspendida en el espacio como una «piedra aligerada», explicando que «por una ley física, la piedra alejada del centro de la Tierra resulta imperceptiblemente aligerada, y por lo tanto hay que pensar que transportada más hacia lo alto, a un punto entre el Sol y la Tierra, pierda totalmente su peso y pueda identificarse perfectamente con la idea del vuelo». Que aquí parece ser un vuelo hacia el ultramar, que también es hacia lo desconocido. El tipo de piedra que Anselmo emplea más frecuentemente es de uso común en la construcción, un granito extraído de los Alpes. Son bloques vulgares que se presentan sin otra voluntad que la de percibir sus cualidades físicas: «Uso el granito por su peso y su color». En esta obra, el granito adquiere en relación con la tela una dimensión pictórica. Anselmo empezó a utilizar la tela por el deseo de poner color sobre ella: «Para mi se trata siempre de pintura». Coloca la piedra encima de la tela porque es el color. Las cien telas sostienen el peso del color, y es este color, gracias a la fuerza de la gravedad, el que da consistencia a la obra y al mismo tiempo la eleva hacia el más allá, hacia una espacio más amplio, sin límite alguno, el del ultramar.

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