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Dionisio Aeropagita - El orden de los ángeles
Título original: Dionysius Aeropagita - Die Ordnung der Engel
1984 -
Plomo, zinc, cartón, alambre de acero, acrílico, emulsión, óleo y laca sobre tela
Medidas: Díptico: 331 x 554 cm
Referencia: ACF0256
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A partir de 1984 la pintura de Kiefer estuvo dominada por el paisaje, un paisaje de tonos oscuros, nocturno, con un horizonte alto que encara al espectador frontalmente a la tierra; a una tierra quemada, devastada y asolada por el sufrimiento humano. Es un paisaje al que, en esos años, el artista había añadido mayor complejidad visual tanto por la imagen como por el trabajo de la superficie pictórica. Dionysius Aeropagita - Die Ordnung der Engel, perteneciente a su serie de ángeles, es sin duda una obra densa en significados y rica en efectos pictóricos. Se trata de una pintura construida con gruesas capas de óleo que incluyen y soportan materiales diversos. Es también una pintura agrietada y parcialmente quemada para representar el paisaje arrasado. Su significado invita a la especulación, especialmente sabiendo que la iconografía de Kiefer surge de una amalgama de elementos gnósticos, cabalísticos y místicos. Como indica su título, que está escrito en el ángulo superior izquierdo de la tela, Kiefer parte del texto del Pseudo Dionisio Areopagita aparecido en el siglo V, que establece una jerarquía celestial de nueve órdenes de ángeles: serafines, querubines, tronos, dominaciones (o dominios), virtudes, poderes, principados, arcángeles y ángeles, ordenados en orden descendente según su cercanía a Dios. Para simbolizar estos ángeles el artista sitúa cada orden en rocas realizadas en plomo que están colgadas de la parte superior de la tela con un alambre, y que se identifican mediante un cartelito de cartón con el número y el nombre de cada clase de ángeles. En muchas tradiciones, las rocas son sagradas. En la alquimia, una práctica en la que Kiefer siempre ha estado interesado, el plomo está relacionado con Saturno, y las rocas son veneradas porque se cree que proceden del cielo. Una hélice de avión también realizada en plomo domina la obra, como símbolo del vuelo y, por lo tanto, de trascendencia. En el título, Kiefer ha alterado el nombre «Areopagita», convirtiéndolo en «Aeropagita», aparentemente con el fin de enfatizar sus significativas implicaciones con lo aéreo y lo celestial, que aquí remata con la alusión al aeroplano. El artista considera la hélice un objeto que se traslada a través del tiempo con un movimiento en espiral, llevando la historia a la superficie de su pintura. Como en otras pinturas de la misma época, Kiefer representa en esta obra el tema de la salvación espiritual. El poder celestial acude a la tierra una vez purificada por el fuego (la tierra quemada). Y como en su pintura de 1974 titulada Painting = Burning, Kiefer asocia el fuego a los poderes redentores del arte, que puede tener el poder de restaurar la tierra, la sociedad, y llevarla a su condición más espiritual. Sin embargo, podría parecer también que Kiefer ironiza, al colocar una hélice de plomo que no puede volar, y al simbolizar la sustancia celestial –el espíritu aéreo– con uno de los materiales más pesados de la tierra.

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