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Tríptico para Basquiat
Título original: Tryptichon für Basquiat
1984
Esmalte sintético sobre tela
Medidas: Tríptico: 250 x 950 cm
Referencia: ACF0211
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Penck pintó Tryptichon für Basquiat cuando se cumplían cuatro años desde que se había visto obligado a abandonar la antigua República Democrática Alemana. Entonces el artista gozaba ya de un reconocimiento amplio, reforzado por las numerosas muestras en las que su obra fue incluida: la Bienal de Venecia –a la que acudió como representante alemán–, y sendas exposiciones en Nueva York y Düsseldorf. Sin embargo, ello coincidió con un período de desencanto en el que el artista estaba contrariado por el significativo cambio que la emigración forzosa había generado en su vida, y preocupado por la sucesión de acontecimientos que tenían lugar en Alemania, en especial por el enrarecimiento de las relaciones entre la República Federal y la Democrática. Penck no permaneció al margen de esa coyuntura. Pese a su visible desengaño, su energía vital estaba, a sus cuarenta y cinco años, en su punto máximo. Fue entonces cuando comenzó su proyecto Quo vadis, Germania?, a la vez que grababa varios discos de jazz que, para él, constituían una forma mejor que la pintura de descargar la agresividad. En esos años retomó y desarrolló los «Standart». Casi quince años después de la primera utilización de esos sencillos elementos visuales, Penck pretendía, en sus propias palabras, «influenciar la discusión sobre la cuestión del arte». Su interés por recuperar esa fuerza expresiva no resulta extraño. En 1981, junto a otros artistas alemanes como Markus Lupertz o Georg Baselitz, Penck irrumpió en el mercado neoyorquino con un impredecible éxito. La ciudad, que dejaba atrás por entonces un período marcado por las continuas reformulaciones del arte conceptual, recibió satisfecha la obra de estos artistas. Los críticos y artistas locales intuían en ellos una energía, una sensibilidad y una subjetividad a las que no estaban acostumbrados. Esa presencia se vio compensada con la repentina aparición en la escena artística de creadores neoyorquinos provenientes de los sectores menos representados, personas sin formación académica que pasaron en pocos meses de la marginalidad al protagonismo. Entre ellos destacaban los que practicaban los grafitos: Keith Haring y Jean Michel Basquiat, a quien está dedicada la presente pieza. Ambos supusieron un fuerte revulsivo en el panorama de aquella época. Su pintura combinaba la rotundidad y el atractivo visual del trazo espontáneo generado por los aerosoles con la fuerza expresiva de sus temas. Tryptichon für Basquiat es uno de los resultados del contacto de Penck con esos pintores. El artista alemán recupera de sus antiguos «Standart» el uso de signos visuales rotundos y elementales, pero pasados por el tamiz de la nueva cultura underground. Tal vez la mayor diferencia sea la composición, considerablemente más dinámica que antes, así como la inclusión de una iconografía alejada de la europea: personajes de culturas diferentes –reconocibles por el variado color de su piel– y formas geométricas habituales en pueblos africanos y caribeños. El tríptico tiene una lectura abierta, dada la diversidad de posibles interpretaciones de la treintena de símbolos que aparecen sobre el fondo blanco de la tela. Penck continuó trabajando en estos nuevos «Standart» durante cierto tiempo, pero, como en otras ocasiones a lo largo de su evolución como artista, no tardó en abandonar ese camino, dado que, como el mismo declararía, «la temática occidental es para mí un combate político extremadamente complicado».

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