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Sin título
Título original: Untitled
1985
Yeso, madera, alambre, acero y esmalte
Medidas: Derecha: 73 x 67,5 x 86 cm Izquierda: 69,5 x 67,5 x 82,5 cm
Referencia: ACF0028
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Esta pieza de 1985 se enmarca en un conjunto de obras que lanzaron a Robert Gober a la palestra internacional. Se trata de una serie de esculturas cuyo denominador común es el de utilizar la imagen y la forma (alteradas por el artista) de los sinks (fregaderos o pilas). Antes de volcarse en la construcción de estos extraños artilugios de escayola, Gober había realizado, desde el inicio de los años ochenta, diferentes obras, también en escayola, con distintos motivos reconocibles: una iglesia, un hombre en cuclillas, un perro patas arriba, una caracola. Los fregaderos son piezas funcionales que representan la importancia de la higiene en la sociedad capitalista. Pero Gober convierte estos objetos del diseño industrial y la fontanería moderna en artefactos inútiles. En el caso de la pieza que nos ocupa, se trata de dos cubetas de diferente tamaño, profundidad y capacidad, dispuestas en la pared a distinta altura. Ambas llevan dos agujeros en la parte superior, indicativos de una grifería ausente y por la que supuestamente habría de manar el agua. La diferencia de altura entre las dos pilas proporciona un desnivel visual que acentúa la extrañeza de estos objetos impolutos. Una extrañeza profundizada en otras piezas similares, siempre construidas artesanalmente, en las que Gober juega con formas diversas: desde aquéllas que claramente aluden al urinario, hasta otras en las que las pilas se transforman en lavabos o incluso en estelas de camposanto, verbigracia en Two Partially Buried Sinks (1986-87), pasando por otras en las que no falta el humor en los títulos, como The Scary Sink y The Silly Sink, ambas de 1985. Pero, ¿por qué esta pasión por los dispositivos mentados? Hechas a mano, y de clara estructura antropomórfica, estas obras remiten no sólo a Marcel Duchamp y su famoso urinario, Fontaine, de 1917 -del que se ha dicho, equivocadamente a mi juicio, que Gober confeccionó un doble o simulacro-, sino, en particular, a los mingitorios: aquellos espacios de aseo donde la evacuación de los fluidos corporales es la excusa para el intercambio sexual entre hombres. Estas obras conducirán a Gober a otras posteriores centradas en la imagen del desagüe (por ejemplo Drain, de 1989) y a la idea del desecho y de la enfermedad que acechan al cuerpo. Estamos, por tanto, ante una cuestión tabú en nuestra sociedad: la expulsión de miasmas y la repugnancia que suscitan.

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