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Sin título
1987
Madera laminada
Medidas: 160 x 185 x 64 cm
Referencia: ACF0341
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Esta escultura de madera laminada, como algunas otras piezas de ese mismo año, fue presentada en las exposiciones individuales que Richard Deacon realizó en Maastricht, Lucerna, Madrid y Amberes durante el mismo año de su realización, y dos años más tarde fue seleccionada para la muestra que tuvo lugar en la Whitechapel Art Gallery de Londres. 1987, año de realización de esta escultura, fue decisivo en la trayectoria personal de Deacon, dado que recibió el Turner Prize y al mismo tiempo presentó las obras Like a Snail (A) y Like a Snail (B) en Münster, lo cual supondría su gran lanzamiento internacional. Ya por aquel entonces Deacon era considerado uno de los representantes de la denominada nueva escultura británica, que se dio a conocer por toda Europa a principios de la década de los ochenta. Los materiales seleccionados por el artista procedían en aquel momento de la producción industrial (acero galvanizado, acero inoxidable, linóleo, moqueta, latón, cobre, madera laminada, etc.), y se completaban con los mismos elementos que normalmente se utilizan con dichos materiales (remaches, tornillos, colas…). Todo ello para crear, como en el caso de esta escultura, formas sin ningún tipo de narrativa, lo cual era habitual en la mayoría de los artistas de su generación, totalmente volcados en el desarrollo de un discurso sobre el objeto cotidiano y su reutilización, y también coincidiendo con ellos en mantener el carácter de bricolaje que se ha atribuido a esta generación de escultores ingleses. La forma de esta escultura es abierta, sinuosa y con claras reminiscencias orgánicas, y deja a la vista del espectador su propio proceso de fabricación al mostrar las distintas capas de madera laminada y el modo en que se superponen y compactan gracias a la cola roja. Ésta, al mismo tiempo, adquiere una cualidad intensamente pictórica al desbordar los límites de la madera, y contrasta con su interior blanco. Con motivo de la presentación de su exposición en Madrid, en 1987, Deacon señalaba que en un objeto, aun cuando se conoce su estructura interna, lo que prevalece es su superficie, y que por esta razón sus esculturas no estaban construidas por dentro, no escondían nada y en consecuencia permitían un conocimiento total de su superficie, de su piel. En definitiva, en obras como ésta, Deacon aunaba un acabado netamente industrial con alusiones a lo orgánico, al tiempo que introducía el posible balanceo de la escultura como una forma de desestabilizar la mirada del espectador. Según su criterio, hay que dejar que el material adquiera su propia forma, pero que al mismo tiempo permita que se le atribuya una forma determinada. El artista es consciente de que muchas de sus piezas plantean una cierta indefinición formal y, en consecuencia, presentan grandes dosis de ambigüedad en el momento de tratar de desvelarnos sus posibles claves de lectura, pero todo ello lo afronta sin ningún tipo de estratagemas visuales, con la ostensible especificidad industrial de los materiales seleccionados.

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  • Falda / 1989

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