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Imagen | Philippe de Montebello y Leopoldo Rodés en el Círculo Arte y Mecenazgo
El Metropolitan Museum of Art: un museo creado gracias a las aportaciones de coleccionistas privados y mecenas

¿Cómo contribuye la donación de colecciones privadas a la difusión de la cultura? El Círculo Arte y Mecenazgo es el marco en que expertos internacionales reflexionan sobre las diversas y complejas claves del futuro del arte, centrándose en la actuación de mecenas y coleccionistas.

 

Philippe de Montebello, director emérito del Metropolitan Museum of Art en Nueva York, pronunció la conferencia “El nacimiento del Metropolitan: un caso de partenogénesis” que partía de la fundación del Metropolitan para revisar el papel fundamental del coleccionismo y el mecenazgo en la historia de la institución.

 

Nacido en París, licenciado magna cum laude en la Universidad de Harvard y Master of Arts en el Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York, Montebello ha desarrollado su vida profesional en el Metropolitan. Primero como Conservador Jefe y luego como director, cargo que ejerció durante 31 años. En este tiempo  ha aumentado la colección en todos los ámbitos, alcanzando la cifra de más de 84.000 nuevos objetos de extraordinaria calidad y diversos orígenes. En su despedida los conservadores del museo expusieron 300 obras representativas de este período de adquisiciones y legados.

En palabras de Montebello, el Metropolitan nace de una idea y de un ideal. Concluida la Guerra Civil en 1865, la nación americana experimenta un gran crecimiento económico que permite el desarrollo del país en todos los sectores, también en el arte.

 

Sin el bagaje cultural de Europa, cuyos museos se nutren de herencias de reyes y donaciones nobiliarias, América lo tiene más complicado para crear un museo desde cero.

Sin embargo, la iniciativa, las inquietudes y la fuerza de un grupo de hombres influyentes de Nueva York es lo que hace que en 1869 nazca el Metropolitan Museum of Art.

 

En sus inicios el Metropolitan exhibía principalmente obras de artistas autóctonos, pues eso era lo que más interesaba a los coleccionistas americanos. Sin embargo, gracias a la influencia de personalidades como la de William Blodgett, uno de los fundadores del museo, obras europeas empezaron a complementar la colección del Met. A medida que va aumentando la colección el museo debe abandonar su primera ubicación, en el centro de Manhattan, para instalarse en el Central Park, en el recinto de casi 200.000 m2 que se convierte en su icónica sede.

Imagen | Renoir, Mme Charpentier, 1878 / Monet, Terrasse à Sainte-Adresse, 1867

Pronto el Metropolitan se sitúa a la altura de los grandes museos europeos, como el Louvre, la Galería de los Uffizi o el Museo del Prado.  Primer museo del mundo en exponer pintura impresionista gracias a la donación de dos cuadros de Manet, en la actualidad, con cuatrocientos cuadros impresionistas y post-impresionistas, el Metropolitan es el museo del mundo con una mayor muestra de ese periodo. Y el 90% de esta colección ha llegado al museo a través de donaciones.

 

Es por ello que durante los 140 años de historia del Metropolitan ha sido fundamental el trabajo de sus conservadores. Estos expertos, además de velar por la conservación y coherencia del fondo del museo, tienen la misión  de conseguir el apoyo de los coleccionistas y negociar con ellos los términos más favorables para las donaciones de sus colecciones.

 

En su conferencia, Montebello repasa algunas de las condiciones impuestas por los coleccionistas a lo largo de los años: la donación más idónea, especifica, es aquella que llega libre de condiciones, como la que realizó Henry Marquand durante los primeros años. Hubo una sorprendente condición, aunque muy beneficiosa para el museo, que fue la establecida por Jacob Rogers, un desconocido que a su fallecimiento donó seis millones de dólares de la época —hoy, unos 100 millones— con la condición de que se invirtieran exclusivamente para la adquisición de obras de arte.

Aun así, algunas de las condiciones más habituales por parte de los coleccionistas son, por un lado, aceptar el conjunto íntegro de una colección —cosa que el museo no está siempre en disposición de aceptar— y, por otro, exigir la exposición de todas las obras juntas, es decir, en un mismo espacio. Muchas veces esto obliga a los museos a romper la coherencia de las colecciones y exponer dos piezas de una misma obra en espacios muy diferentes, en detrimento de la interpretación del arte. En opinión de Montebello, la misión de los museos es ser contenedores de obras de arte. Se pueden construir grandes edificios, desear que acuda la gente, pero si no se tiene una gran colección, nunca se podrá ser un gran museo.

 

Comenta también que para la historia del Metropolitan Museum of Art, y del mecenazgo en general, fue determinante un cambio en la legislación fiscal que aprobó el gobierno de Estados Unidos en 1917. A partir de ese momento las donaciones se podían desgravar de los impuestos, factor que propició las donaciones de coleccionistas privados de manera espectacular. Gracias al mecenazgo de aquellos que entendieron la necesidad del arte como bien social, la colección del Metropolitan creció en cantidad y calidad.

 

El Metropolitan ha demostrado una gran capacidad de atraer la generosidad de importantes coleccionistas. ¿Qué se obtiene a cambio de una donación? Además del reconocimiento en las cartelas, catálogos y otro material impreso, desde luego, satisfacción.

 

 

 

¿Quieres saber más?

 

El nacimiento del Metropolitan: un caso de partenogénesis - Philippe de Montebello (Conferencia completa - PDF)

 

The Birth of the Metropolitan: A Case of Parthenogenesis - Philippe de Montebello (Complete lecture - PDF)

 

El nacimiento del Metropolitan: un caso de partenogénesis - Philippe de Montebello (Síntesis de la conferencia - PDF)