Annette Messager
Francia, 1943
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La década de los años setenta es el período clave para la eclosión del feminismo. Los aires de libertad recorren el Occidente desarrollado y las mujeres que reivindican la igualdad y su espacio en la esfera pública comienzan a articular su visibilización y su presencia en todos los campos, incluido el del arte. La francesa Annette Messager (Berk-sur-Mer, 1943) pertenece a esa generación –Mayo del 68 incluido– que asume la necesidad de crear unos lenguajes diferentes con los que, por vez primera, identificarse al margen del patriarcado. La huída de los «materiales nobles» marcados por la tradición es una de las maneras de materializar esa «otra» forma de pensar, decir y hacer. La elección de objetos cotidianos, de materiales reutilizados (textiles, plásticos) o de elementos que integran el paisaje doméstico desplaza los grandes discursos hacia la vida real, hacia la existencia individual y sus necesidades, deseos, preocupaciones y afectos. A finales de los años sesenta, la artista comienza a crear colecciones de objetos: muñecos de peluche, fragmentos de telas, redes, pájaros disecados, recortes de prensa, fotos, textos y frases que reordena y clasifica. Con el tiempo, esas «pequeñas cosas» serán la base sobre la que construya su personal lenguaje, en el que realidad y fantasía dialogan. Messager ha planteado su obra a través de curiosas clasificaciones o capítulos, que ha titulado de manera irónica: «Annette Messager artista», «Annette Messager coleccionista», «Annette Messager mujer práctica», «Annette Messager traficante», «Annette Messager tramposa»… En este capítulo toma el cuerpo como soporte de maquillajes y transformaciones a través de retoques fotográficos para hablar de las infinitas crueldades que las mujeres se infligen buscando encaje en los cánones de belleza y juventud que la sociedad impone. Su lenguaje es, en algunas ocasiones, extremadamente claro y directo; en otras, sin embargo, se torna complejo y oscuro. Esto sucede cuando esos pequeños objetos, esos residuos insignificantes que nos rodean, se asocian entre sí para reflejar el lado terrible que puede subyacer en nuestros comportamientos, sueños y miedos. La intrascendente foto de un niño arañada a la altura de los ojos, el cuerpo sin piernas de un muñeco, unos pájaros disecados con la cabeza arrancada o que aparecen envueltos en un pedazo de lana, se transforman en algo doloroso, patético, turbador, como un cuento de hadas que causa una intensa desazón. Messager reivindica el hacer artesanal, la manualidad, ese territorio históricamente asociado al mundo femenino, para darle la vuelta y desplazarlo a un territorio de significado y elocuencia. Y lo hace de forma que traslada al espectador la responsabilidad de interpretar esas fricciones. Reconocida a través de importantes exposiciones a lo largo de su extensa trayectoria, Messager representó a Francia en la Bienal de Venecia del 2005 con una intervención inspirada en Pinocho, con la que transformó el pabellón francés en un gran casino y por la que fue galardonada con el León de Oro.
Alicia Murría

Obras del artista en la colección Obras del artista en la colección

  • Juego de duelo / 1994